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lunes, 26 de agosto de 2019

Las políticas de España llevarán al PIB crecer menos de un 2% en 2020 por primera vez en seis años

  • Consumo y exportaciones dejarán de sostener el impulso económico
  • La falta de Gobierno paraliza la agenda fiscal y laboral del PSOE

ESPAÑA - Seis años después de que España iniciara el proceso de recuperación de la crisis de 2008, parece que tanto el comportamiento de los principales indicadores como las previsiones para el próximo ejercicio apuntalan el agotamiento del periodo expansivo de la economía, que tendrá su punto de inflexión en 2020. Según las estimaciones de crecimiento elaboradas por Freemarket, la economía de España continuará la senda de desaceleración el próximo ejercicio anotando en cuenta el peor dato de PIB en seis años con un avance del 1,8%. Habría que remontarse al tercer trimestre de 2014 para encontrar un desempeño peor, cuando el aumento del PIB en tasa interanual se situaba en el 1,7%.

Y esto se produciría en el mejor de los escenarios, ya que de producirse ajustes en la economía más severos que emanen de un empeoramiento de los factores de naturaleza política y geoestratégica, y de que el Gobierno mantenga una programación presupuestaria basada en el incremento del gasto público y de los impuestos, así como la puesta en marcha de una contrarreforma total o parcial del mercado de trabajo, el avance podría desacelerar hasta el 1,5%.

De hecho, desde el cuarto trimestre de ese mismo 2014 (+2,3%) los registros de crecimiento se sitúan por encima del nivel del 2%, suponiendo a su vez avances superiores a la media de los países  de la eurozona. "La mayoría de los analistas y de las instituciones nacionales e internacionales mantienen sus predicciones de una suave desaceleración de la economía española en 2019 y 2020 pero mantienen una diferencia positiva respecto al conjunto de los estados de la eurozona", señala el documento de Freemarket sobre la Economía española: una era de expectativas inciertas y limitadas.


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En este sentido, parece evidente que la desaceleración llega a nuestro país para quedarse y poner a prueba la resiliencia de las medidas adoptadas en los años posteriores a la hecatombe de 2008 para sortear futuros desequilibrios, si bien parece que de manera más tardía que en el resto de la UE. "Esta situación es el resultado de la prolongación inercial del ciclo expansivo iniciado en el cuarto trimestre de 2013 cuya persistencia tiene su origen en la parálisis de gran parte de las iniciativas planteadas por el actual Gobierno en funciones", apunta el documento.

Cabe recordar que el Ejecutivo socialista de Pedro Sánchez ha planteado en reiteradas ocasiones medidas que pueden tener efectos adversos para el crecimiento como consecuencia de desequilibrios que se generen en los diferentes planos de la política económica. Sin ir más lejos, el Gobierno quiere derogar los "aspectos más lesivos" de la reforma laboral del PP aprobada en 2012 volviendo a la prevalencia del convenio sectorial sobre el de la empresa, recuperando la ultraactividad de los convenios y revisando la política de subcontrataciones. Unas medidas que el Ejecutivo de Mariano Rajoy adoptó en pro de una mayor flexibilización del mercado laboral español. A esto hay que sumar que Pedro Sánchez ya ha legislado a través de real decreto-ley varias medidas que presionan al alza el gasto público, como la vinculación de las pensiones al aumento del IPC que ha elevado el gasto en la partida en más de 3.000 millones en los dos últimos años, o la recuperación de ciertas ayudas e incentivos para el mercado laboral.  


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Pero, como advierte Freemarket, la parálisis institucional instalada tras la elecciones generales del pasado 28 de abril y la investidura fallida de Sánchez en la última semana de julio, hace que todos estos proyectos -como la anunciada subida de impuestos a las empresas- se encuentren paralizados.

En este punto, aparecen dos contribuyentes de excepción al apuntalamiento de la desaceleración económica como son el resentimiento del consumo interno y del desempeño del mercado exterior, los dos soportes que han impulsado la recuperación en los últimos años. En este sentido, según las previsiones, el freno también se comienza a notar en estas magnitudes.

Los soportes se debilitan
Por un lado, el consumo privado correrá la misma suerte que la tendencia del PIB y crecerá en 2019 en el 2% para abandonar esta senda en el próximo año cuando se espera un avance del 1,5%, siendo este el peor registro desde 2015. Por otro lado, las exportaciones sufrirán una menor pérdida de impulso con un avance del 1,3% para el próximo ejercicio desde el 1,7% que se estima para el cierre del presente ejercicio. 

En este caso, el frenazo no será tan acusado ya que este se ha adelantado a este mismo año con motivo del recrudecimiento de la guerra comercial entre Estados Unidos y China que ha azuzado el intercambio de bienes y servicios a nivel global. De hecho, el de este 2019 será la peor cifra de ventas al exterior registrada en los últimos siete años, de modo que habría que remontarse a 2012 cuando crecieron un 1,2 % para encontrar un dato peor.





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