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domingo, 26 de mayo de 2019

El vino portugués se ha convertido en uno de los descubrimientos del mercado internacional


  • La recuperación y mantenimiento de especies de cada variedad asegura que no se produzca la extinción inmediata de muchas variedades portuguesas  


PORTUGAL.- El vino portugués goza ahora de un prestigio como nunca tuvo. Se ha convertido en uno de los descubrimientos más excitantes hechos por el mercado internacional. Ese descubrimiento ha sido provocado por algunos de los productores mas dinámicos y creativos, con un claro sentido global de los vinos que hace un claro contrapunto a la mentalidad reinante en los países tradicionalmente productores del vino, que acreditan hacer el mejor vino del mundo sin querer hacer un esfuerzo para ver lo que los otros hacen de bueno en el mundo exterior.

Cada vez más en la imagen del vino portugués sobresale el ultra famoso vino Mateus Rosé, verdadero embajador vínico portugués al mismo nivel de un Eusebio, Amalia Rodrigues y más recientemente Cristiano Ronaldo. A pesar de ese fantástico éxito, claro reflejo de una estrategia bien montada y trabajada por esa gran empresa que es Sogrape, el vino portugués no es Mateus Rosé. Ni tampoco solamente el vino de Oporto o el desacreditado pero extraordinario vino de Madeira.

Últimamente sufrimos una especie de revolución en la calidad del vino portugués. Ahora sí vemos un esfuerzo concertado de promover el vino portugués en varios mercados, con la creación de acciones promocionales, no siempre bien conseguidas, pero ese esfuerzo comienza a dar algunos resultados. Se intenta mostrar alguno de nuestros elementos diferenciadores a través de variedades muy portuguesas; se intenta mostrar el sabor del vino portugués, argumentando correctamente, su enorme riqueza y variedad ampelográfica, y aunque se usan de forma corriente unas 30 variedades es indiscutible que ahí está el gusto por la diferencia.




Se ha creado una estrategia de promoción de la divulgación de ciertas variedades como embajadoras del sabor del vino portugués. Así, la Touriga Nacional tiene un lugar preponderante, cautiva por sus características, por su exuberancia, produciendo vinos monumentales en el Douro y en el Dao, sobre todo en este último, según mi gusto personal.

No obstante su expansión por el resto del territorio provocó una cierta uniformidad del gusto, a veces con una pérdida de carácter y tipicidad en algunas regiones, pero es cierto que en términos puramente comerciales ha funcionado. Ahora se intenta usar esta variedad como referente para crear una imagen y un perfil del sabor del vino portugués. Muy bien, pero prestando la debida atención al hecho de que la riqueza del vino portugués es el vino de lote, un vino mezcla de varias variedades (castas en portugués) en el que todas contribuyen para llegar al mayor equilibrio y armonía posibles.

Otra variedad que sufre de la misma diseminación es la Albarinho, en menor escala pero ahí está ella perfumando los cálidos vinos de Alentejo, en numerosos ensayos en las regiones más costeras de la Estremadura portuguesa, actualmente con la denominación Lisboa.

La aceptación internacional de estos vinos ha sido notable, pero ya suenan también las alarmas de la indeseable uniformización del sabor. A pesar de todo es positivo, para dar una imagen nueva y creíble, en términos de calidad de vino portugués, ya que es necesario llegar a las masas de consumidores y esa calidad general produzca nuevas aventuras en el campo de la experimentación para atreverse a conocer y descubrir otros vinos portugueses. Ha sido muy positivo que se haya concretado el establecimiento de una viña como concebida como un histórico de todas las variedades portuguesas, que son cerca de trescientas. Una idea finalmente materializada después de varias tentativas que no pasaban del papel. Así la recuperación y mantenimiento de especies de cada variedad asegura que no se produzca la extinción inmediata de muchas variedades portuguesas.

También el vino de Oporto sigue una dinámica renovada, con innovaciones como la aparición del Pink Port. Un vino de Oporto rosado, visualmente atractivo, sabroso, de consumo alegre y despreocupado, que también se puede usar en cócteles y en long drinks, verdaderamente refrescantes y llamativos. Pero lo mejor es la reglamentación por la que se permite embotellar vinos de Oporto blancos con indicación de edad. O sea, el vino de Oporto Tawny 20, 30 o 40 años contenían lotes de vinos blancos muy viejos que contribuían para obtener complejidad a estos estupendos vinos, pero no podían ser embotellados con la honra que se merecían (como la indicación de la edad). Ahora sí, estos vinos fabulosos están ahí, tremendos de elegancia y sutileza, ricos y extravagantes, lujuriosos y sensoriales, algunos de las cosechas de 1952, 1967, 1972, etc., vinos que cuestan un alto precio pero el placer que proporcionan es un pedazo de la historia que cuentan.


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