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miércoles, 15 de enero de 2020

Los yacimientos petroleros de Siberia occidental en declive




RUSIA - Rusia suministra una cuarta parte del gas que consume la Unión Europea (UE), y su importancia va en aumento; sin embargo, a los clientes occidentales los próximos inviernos pueden darles sorpresas llegadas de esa nación gobernado Vladímir Putin desde que empezó el siglo XXI. "Sin embargo", afirma Iván Mijáilovich Kerdan, "también los países de tránsito como Ucrania y Bielorrusia, que se resisten a las alzas de los precios, y los productores centroasiáticos -Turkmenistán, Kazajistán y Uzbekistán- buscan, cada uno a su modo, rutas alternativas para romper el monopolio de Moscú".

  • Rusia depende de los yacimientos de Sajalín y el Lejano Oriente

Especialista en temas energéticos radicado en la isla de Sajalín para realizar estudios prospectivos, advierte que no hay que descartar que Ucrania, por sus dificultades financieras y el conflicto bélico que padece desde 2014, se convierta en un verdadero problema para Europa. "¿Por qué? Porque el gobierno de Rusia demora la explotación de nuevos yacimientos, en parte por dificultades técnicas, y en parte por las ambiciones de su empresa estatal Gazprom", pregunta y responde Kerdan al referirse a los proyectos para lo que llama "Gazprom City".




Bajo el control del Estado ruso, Gazprom, el mayor monopolio de gas en el mundo, une Asia y Europa mediante una gigantesca red de gaseoductos, un complejo sistema donde la modificación de cualquier variante tiene repercusiones en cadena. De ahí que las necesidades suntuarias de dictadores centroasiáticos, como pasa en Turkmenistán puedan influir en las tarifas del gas de los hogares alemanes y causar problemas a sus clientes si insisten en aumentar el precio del gas que generosamente prometen a unos y a otros, mientras se niegan a revelar el volumen de sus reservas.

Para cumplir sus contratos internacionales -dice Kerdan-, Rusia, que produce 550.000 millones de metros cúbicos de gas anuales, compra 40 mil millones a Turkmenistán, y no contento con los 65 dólares por mil metros cúbicos que le paga Gazprom, el país turkomano quiere 125, y será difícil contentarlo. Un aumento de la factura de Turkmenistán se traduciría de forma inevitable en un aumento de los precios que Ucrania paga a Rusia por sus suministros, que incluyen principalmente combustible de Turkmenistán.


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Desde un cubículo del Instituto Ruso del Petróleo en Yuzhno-Sajálinsk, Iván M. Kerdan refiere que, en virtud del acuerdo ruso-ucraniano de principios de 2006, Kiev se comprometió a pagar 95 dólares por mil metros cúbicos a la intermediaria Rosukraenergo. "Oficialmente", añade, "esta compañía ruso-ucraniana domiciliada en Suiza, compra gas ruso a Gazprom a 230 dólares por mil metros cúbicos y gas turkomano a 65 dólares por mil metros cúbicos".

Rusia demora la explotación de nuevos yacimientos de gas, y esto se debe en parte a las dificultades técnicas en condiciones árticas y en parte a las grandes ambiciones de Gazprom, que exige a sus socios extranjeros participaciones en todos los eslabones del negocio energético internacional. Según Kerdan, los yacimientos de Sajalín y el Oriente de Rusia están a la alza y dependemos de ellos; pero los de Siberia occidental están en declive: "la demora para sustituirlos puede dificultar el abastecimiento de la demanda creciente" explica.

Y el científico –egresado de la Universidad Lomonósov de Moscú- recuerda que el 17 de agosto de 2006, el ministerio de Desarrollo Económico de Rusia advirtió de la posibilidad de que no haya suficiente gas en el mercado interior ruso debido a la desproporción entre el aumento de los suministros y el consumo. "Se necesitaba un incremento superior a los 25 mil millones de metros cúbicos en el mercado interno, y nuestro pronóstico era de un aumento de 21 mil millones", dice Iván Kerdan: "La Agencia Internacional de Energía dudaba que Rusia pudiera atender sus compromisos de exportación a partir de 2010", agrega.

Las tarifas en el mercado interno impiden a la empresa nacional compensar sus gastos, mientras, gracias al entramado de empresas mixtas, Rusia y Gazprom se introducen en otros mercados y se convierten en acreedores directos de las industrias locales. Y mientras en Ucrania y en otros países se acumulan las deudas, en Rusia se disparan los ingresos: los petrodólares llenan a rebosar las arcas del Estado, pero frenan las necesarias reformas estructurales y crean una peligrosa dependencia.

El ministerio de Hacienda ruso ha informado que el presupuesto del Estado depende en un 52,2% de los ingresos por petróleo y gas y tal porcentaje, el más alto de los últimos años, supone el 11,8% del Producto Interno Bruto (PIB) de Rusia. Gazprom aspira desde hace años a controlar las redes de oleoductos y gaseoductos en ambos países, pero las aspiraciones rusas chocan con las concepciones locales sobre la soberanía nacional, tanto en Kiev como en Minsk.
Gracias a su vinculación estratégica con Rusia, Bielorrusia goza de un régimen especial y paga precios más bajos que Ucrania por el gas ruso, pero Moscú quiere aumentarlos de forma radical. Con su política exterior basada en la energía, Moscú presiona también a Georgia y Moldavia: la primera, que ha buscado una alternativa para el petróleo en Azerbaiyán y para el gas en Irán, anunció que había suprimido la importación de energía eléctrica de Rusia.
Moldavia, por su parte, inició una estrategia de acercamiento al Kremlin, y cualquiera que sea su relación con Moscú, todos los vecinos de Rusia exploran rutas de circunvalación.

La visita de funcionarios de Estados Unidos ha puesto nerviosos a los rusos, convencidos de que Washington ayuda en la puesta en práctica de oleoductos en diferentes regiones de la nación euroasiática, entre ellas la primera ruta postsoviética de transporte de petróleo del mar Caspio, demasiado lejos del Lejano Oriente y su isla rica, pobre y medianamente explotada.

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