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Cada vez son más las empresas japonesas que incentivan la siesta


  • Empresas habilitan dormitorios en sus oficinas para que los empleados echen una cabezada beneficiosa para la productividad. El país acumula deuda de sueño


JAPÓN.- La siesta es a los españoles lo que el 'inemuri', a los japoneses. Pero, si a este lado del hemisferio esta milenaria y 'sagrada' costumbre sigue siendo vista por algunos con recelo, en el país del sol naciente dar una cabezadita a cualquier hora del día y en cualquier sitio es una práctica generalizada y consentida por una sociedad sometida a extenuantes jornadas laborales. Si aquí alguien se queda dormido en el metro o en la oficina es pereza; allí, virtud.

El 'inemuri', que se traduce como «dormir mientras estás presente», no solo no está mal visto, sino que denota que el trabajador es ejemplar. Remolonear unos minutos en el futón es para los japoneses un signo inexcusable de holgazanería, pero se muestran permisivos: la persona ha trabajado hasta el agotamiento y se merece un 'cuartelillo'. Pero no se trata de una siesta «con pijama y orinal» como propugnaba el Nobel español de Literatura Camilo José Cela, sino, más bien, de matar el sueño permaneciendo en alerta por si la situación lo requiere. En general, los empresarios suelen tener manga ancha y miran para otro lado cuando el empleado cae en manos de Morfeo, siempre y cuando permanezca sentado y no aparente «excesiva comodidad».

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El origen de esta costumbre se remonta a los años posteriores a la II Guerra Mundial. En una sociedad que se sentía perdedora, humillada y ocupada por extranjeros que menospreciaban sus modelos y tradiciones, germinó la idea de darlo todo en el trabajo para volver pronto a ser una potencia. Para los japoneses, dormir es una pérdida de tiempo cuando se puede estar produciendo y esa obsesión por el trabajo, unida a la tradicional personalidad del japonés, se ha convertido en un problema de salud pública para el país. Tanto, que su Gobierno reconoció oficialmente en 1987 como causa de muerte el 'karoshi', que es el fallecimiento por exceso de trabajo.

Pérdidas millonarias

Pero no es solo una 'patata caliente' para las instituciones; también una preocupación para las empresas niponas, que, ante la somnolencia permanente de sus empleados, se han visto obligadas a tomar medidas y acondicionar habitaciones en las oficinas para que puedan echar una cabezadita y retomar la actividad con más brío. Esta situación está pasando factura a la economía nacional, que pierde 138.000 millones de dólares cada año por este motivo.

Nextbeat, un proveedor de servicios tecnológicos, ha sido de las primeras compañías en instalar dos «dormitorios estratégicos», uno para hombres y otro para mujeres, en su sede de Tokio. Las habitaciones, con aromas relajantes y dispositivos que bloquean el ruido de fondo, invitan a que los trabajadores se estiren en el sofá y duerman a pierna suelta hasta que recuperen las fuerzas necesarias para continuar con su jornada laboral. Los teléfonos móviles, tabletas y ordenadores portátiles están prohibidos. «La siesta puede ser un recurso para mejorar la eficiencia de un trabajador tan bueno como llevar una dieta equilibrada y hacer ejercicio físico», defiende Emiko Sumikawa, miembro de la junta directiva de Nextbeat. En esta empresa se han tomado tan en serio la incidencia cada vez mayor de muertes por sobrecarga laboral que han obligado a su personal a que salga del trabajo a las nueve de la noche, sin demora alguna, y que se abstengan de hacer horas extraordinarias excesivas.

Nicho de negocio

Hay otros negocios que hasta pagan a sus asalariados para persuadirles de que no hagan estas horas extras y así puedan acostarse a una hora razonable. Crazy, una empresa de planificación de bodas, premia a los empleados que duermen al menos seis horas cada noche con puntos que luego se pueden cambiar por comida en la cafetería de la compañía. Al usar una aplicación para controlar su sueño, los trabajadores pueden acumular puntos por valor de hasta 64.000 yenes (590 dólares) por año.

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Kazuhiko Moriyama, el arquitecto de la idea y consejero delegado de Crazy, cree fehacientemente que debería convertirse en un modelo para las compañías de todo el país. «Japón se debilitará si se abusa constantemente del derecho de un trabajador a dormir», sentencia. Crazy no es la única compañía que se ha dado cuenta de este problema. Los fabricantes japoneses de dispositivos médicos han empezado a ver una oportunidad de negocio en la deuda de sueño del país. Teijin, por ejemplo, dispone ya de dispositivos de control del sueño capaces de enviar datos a las empresas y, en teoría, proporcionar a los directivos la información que necesitan para mandar a sus trabajadores estresados a dormir a casa.

Las estadísticas dicen que estos tienen más razones que la mayoría para someterse a la necesidad de una siesta durante el día, ya sea en el trabajo o durante largos desplazamientos. Una encuesta realizada con rastreadores de actividad física en 28 países concluyó que los hombres y mujeres japonesas duermen una media de solo 6 horas y 35 minutos por noche, unos 45 minutos menos que el promedio internacional, lo que les convierte en los más privados de sueño. Curiosamente, son las finlandesas las que duermen casi una hora más que el resto, con un promedio de 7 horas y 45 minutos.

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