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lunes, 15 de mayo de 2017

Los países no tienen dueño, sino inquilinos




Si tuviéramos que hacer un balance de todo el patrimonio que conforma un país, en términos contables, cabría preguntarse por quién es el propietario de la partida "fondos propios" del susodicho país. Los expertos en materia contable me entenderán perfectamente, si bien los profanos no tanto, sin embargo, en este artículo  trataré de plantearlo al natural, para que los vericuetos de la contabilidad y la normativa no nos desvíen de lo esencial.

¿A quién pertenece lo que hoy día es España? Seguramente a los españoles. Pero, ¿quiénes son los españoles beneficiaros de este patrimonio? Yo diría que España es lo que es gracias a muchas generaciones, y si la estiramos en el tiempo llegamos hasta la Civilización Romana, a Cromañón o quién sabe a dónde. Entonces, digo yo, el patrimonio acumulado se debe al esfuerzo de muchas personas, no sólo los actuales españoles y sus ancestros, sino a todo el que pasó por aquí y aportó su esfuerzo y conocimiento, voluntariamente u obligado, pero al fin y al cabo haciendo crecer este territorio. Y esto es extensible a cualquier país o lugar de este planeta.

Pongamos por caso que, si el teléfono y el ordenador fueran patentes intransferibles del ingenio de los señores Bell y Turing, respectivamente, ahora estaríamos sin comunicación moderna y sin las en boga redes sociales. Pero no sólo los grandes pensadores han contribuido al desarrollo mundial, ante los cuales estamos en deuda, sino muchas personas anónimas que con otras formas menos exitosas de contribuir al bien común, han dado mucho por cada lugar donde han pasado.

A lo largo de la historia, el esfuerzo y riesgo no han tenido equilibrio con la recompensa. Mucha gente ha arriesgado vidas en guerras y proyectos que no han sido retribuidos como merecían. En cambio, otros oportunistas, aprovechando circunstancias se han beneficiado de los esfuerzos de los demás, sin aportar nada a la sociedad. Por eso hay que compensar a la gente. Hay que restituir el equilibrio entre las personas y entre las empresas. Y sobre todo con países pobres. Ciertamente, la sociedad demanda más justicia en el reparto, pero con la crisis se ha dado un paso atrás, por lo que no sólo no se va a avanzar, sino que se va a retroceder más si no se toman medidas.

Y llegamos al presente, y constatamos que muchas de las grandes empresas, y en especial la banca, han sido los grandes beneficiados en general durante esta crisis. Gran parte de la banca, con la ayuda de toda la sociedad –vía impuestos y paciencia-, han sorteado el envite muy a su favor. Sus accionistas, directivos y gran parte de los empleados de menor rango han estado siendo retribuidos hasta hace bien poco, cuando la situación ya era insostenible y hubo que hacer recortes de plantilla. No olvidemos que la crisis arrancó en 2008. Por el lado de las grandes empresas, con los beneficios fiscales y su influencia corporativa en gobiernos e instituciones, también han podido capear el temporal. Y nos queda el grueso de la maquinaria productiva. Sí, las PYMES, las que tienen poca fuerza y sus representantes empresariales y laborales se han posicionado en los grandes núcleos de poder, dejándolas en el olvido. Tanto empresarios medios y pequeños como autónomos y trabajadores por cuenta ajena han absorbido todo el peso de la crisis. Si a esto añadimos el lastre de baja productividad, el futuro no es prometedor. Y lo peor es que nadie se queja; y ya no hay retorno,  la pérdida se ha consolidado y su recuperación requerirá un esfuerzo extraordinario que no corresponde ni a PYMES ni a sus empresarios y trabajadores en su totalidad. Es hora de que las grandes corporaciones paguen más impuestos y la banca devuelva sus préstamos con intereses justos. El legislativo tiene que actuar. La espera está siendo demasiado larga. Y por favor, señores diputados, no nos vengan con la cantinela de que estas medidas perjudicarían la productividad, el empleo y bla, bla, bla, que este "latiguillo" ya nos lo sabemos.

Alfonso Roldán García
Economista y Auditor
Costa del Sol -España-

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