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lunes, 12 de septiembre de 2016

Globos Arcoiris, el récord del español Óscar Ayala tras dejar el mundo de la construcción


  • Óscar Ayala, quien recorrió más de 490 kilómetros en un viaje de siete horas, fundó la empresa Globos Arcoiris, cuando dejó la construcción para dedicarse al mundo de la aeroestación.





ESPAÑA.- Hablar de un avión es como referirse a un medio de transporte que parece que siempre ha existido. Sin embargo, sus orígenes se remontan a hace poco más de 250 años. Pilotar un globo es como surfear en el mar. Hay que aprovechar la fuerza de la naturaleza. "Las aeronaves se mueven a merced del viento. Por eso hay que valerse de cada ráfaga para ascender y girar hacia la izquierda o hacia la derecha", cuenta el propietario de la firma española Globos Arcoiris, Óscar Ayala, quien explica que "el aire es diferente en la tierra que a 3.000 metros de altitud".

Afectado por la crisis inmobiliaria y motivado por su pasión de volar sobre las nubes, Ayala dejó la construcción para dedicarse al mundo de la aerostación a principios de siglo. Se formó en Madrid en 1997. En concreto, realizó el curso de piloto en la escuela Villanueva del Pardillo de la mano de Javier Tarno, uno de los mejores aviadores del país. Tras adquirir su licencia, compró un globo estándar con capacidad para dos personas. "Al principio empecé a volar por placer. Daba paseos con mis amigos, con los que compartía los gastos del viaje, hasta que me di cuenta del potencial que tenía esta actividad para convertirla en un negocio", recuerda el directivo.

Así fue como nació en 2000 Globos Arcoiris. Una empresa familiar de Anguciana (La Rioja) que ofrece vuelos sobre los viñedos y campos riojanos. También realiza paseos sobre la travesía de la sierra de la Demanda, en la que se puede contemplar desde el cielo las vistas aéreas de Vitoria, Burgos y Soria. Asimismo, la compañía brinda servicios personalizados, de forma que llega allá donde el cliente desee, desde zonas de costa a áreas montañosas, como los Picos de Europa o el monte Gorbea.

"Paz y libertad es lo que se siente desde arriba", desvela el piloto, quien asegura que "tocar el cielo es toda una experiencia. Sabes desde dónde despegas, pero nunca el lugar en el que aterrizas, ya que todo depende de la meteorología". Esta aventura, que tiene un coste de 160 euros por persona, incluye el transporte hasta la zona de despegue, un brindis de cava, una degustación de chocolate y una comida de huevos con chorizo y bacon, además de otros productos típicos de la comarca de Haro.

Aunque los regalos, los paseos en pareja y las visitas de grupos de empresa son los tipos de vuelo más demandados, la firma también cuenta con un servicio de publicidad. Otras organizaciones pueden aprovechar la vela del globo y personalizarla para promocionar su imagen de marca.

Durante el primer año, la compañía apenas recibió 25 viajeros. Hoy supera los 1.000. Para atender a la creciente demanda, esta pequeña firma tuvo que adquirir más globos. En 2007 compró uno con capacidad para seis personas y recientemente se hizo con uno para 16. "Es el segundo más grande del país", apunta el propietario. Gestiona el negocio junto a su hijo Iván, quien pilota desde los 16 años y tiene un excelente palmarés: tres europeos y cuatro campeonatos de España.

Con el afán de superar un reto personal, Ayala padre marcó el récord europeo en distancia, al recorrer más de 490 kilómetros, desde Guardo (Palencia) hasta La Parra (Badajoz). Galletas y café fue todo lo necesario para sobrellevar un viaje de siete horas y media de vuelo, además de gas suficiente y un vehículo de rescate para volver.

Un viaje de ida y vuelta
Si las condiciones meteorológicas son favorables, el primer paso para iniciar el vuelo es inflar el globo, un proceso que puede tardar alrededor de 20 minutos. Para ello, se utiliza un ventilador y un quemador del que sale una llama que, una vez alcanzada una cierta temperatura, hace que el globo suba. El viaje, que dura sobre una hora, dispone de un vehículo de rescate que hace un seguimiento por tierra de todo el trayecto. Después del aterrizaje, el coche de asistencia llevará a los viajeros a un restaurante para almorzar con vino de La Rioja. Tras la comida, se les obsequia con un diploma acreditativo que Globos Arcoiris denomina 'Bautismo aéreo'.


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